A ver, que alguien me lo explique: ¿En España el respeto y la defensa de los sentimientos religiosos de las minorías religiosas da puntos para ser considerado un demócrata progresista megaguay (que diría mi nieto de cinco años) y el respeto y la defensa de los sentimientos religiosos de la mayoría de los españoles quita puntos? ¿Es eso? Porque cada día me tenéis más loca.

Me siguen asombrando los ataques furibundos a la iglesia católica hechos de forma tan rotunda, sin matices de ningún tipo, cuando provienen de personas que conozco, que tengo por buenísimas personas, y que llevan a gala tener una maravillosa tolerancia con otras religiones.

Otros credos que, reconozcámoslo, cultural y socialmente nos pillan bastante más lejos que el catolicismo. Lo de alguna de mis conocidas, militantes en el feminismo más tradicional, y su defensa del hiyab musulmán en las escuelas como expresión de libertad religiosa de las adolescentes me tiene totalmente ojoplática, lo tengo que confesar.

¿Qué está pasando? ¿No es moderno, progresista, ético, estético o lo que sea, respetar  a los católicos y sí a los musulmanes, budistas, etc.?

Francamente, creí que la moda del anticatolicismo postfranquista pasaría con los años en España pero veo que no, y me empieza a preocupar.

Ya sé que para un planteamiento progresista ortodoxo yo soy un bicho raro, al menos así me miran esos amigos cuando les digo que mi ateísmo está a la par con el respeto que le tengo a la iglesia católica.

Que haya sido genéticamente programada para no creer en las cosas de la religión, ¡qué le vamos a hacer, esas mutaciones se dan a veces en la naturaleza!, no significa que tenga que menospreciar las creencias de los demás, digo yo ¿o no?

Además, que los creyentes sigan las doctrinas de sus iglesias no me extraña nada. Milité casi veinte años en un partido político, y os aseguro que estos partidos de estructura tradicional y vertical son como una verdadera secta religiosa en su funcionamiento.

¿Qué lecciones de libertad le voy a dar yo a nadie si voluntariamente me he sometido durante todos esos años a una disciplina partidaria que en algunas ocasiones llegaba a ser más alienante que pudiera serlo la de cualquier religión en su vertiente más radical? Sin embargo, ahí seguí durante años, confiando que las cosas que hacía mi partido sirviesen para mejorar la vida de la gente, al menos algunas de ellas.

Que parte de los jerarcas de la iglesia católica no sean, ni hayan sido, ni vayan a ser nunca, precisamente un ejemplo de lo que predican (y quien dice católica dice cualquier otra religión) es algo reprobable y punible en muchas ocasiones, por supuesto. Tanto como lo es el comportamiento de montones de líderes políticos, empresariales, sindicales, académicos, deportivos… ¿pero es eso suficiente para justificar la manía, inquina e incluso el profundo odio de algunos contra la iglesia católica y contra los católicos en general?

Si para mí el partido, sus ideales y lo que representaban, estaban muy por encima de algunos de sus líderes, ¿por qué no iba a respetar que para los creyentes sus creencias están por encima de sus líderes religiosos? Creo que esta es la pregunta que muchos deberían de hacerse.

Lo que sí defenderé siempre es que el Estado sea aconfesional, para que dentro de él quepamos todos, y que la democracia sea lo suficientemente profunda como para que se respeten las opiniones de todos, aunque en cada momento se legisle conforme al sentir de la mayoría social existente.

Espero, además, que actuemos con un poco de coherencia en nuestras vidas, que desechemos lo políticamente correcto y vivamos conforme a nuestras convicciones, sean las que sean, mientras que se basen en el respeto a los derechos de los demás.

En mi caso viviendo en mi ateísmo irredento, aunque no militante ?, y, además, pudiendo expresar mi respeto por la iglesia católica cuando está tan de moda machacarla. Considero que es una de las religiones que más ha avanzado en el respeto de los derechos humanos y eso para mí es importante. Y ni os cuento en el tema de los derechos de la mujer… ¿Qué les queda mucho? Por supuesto que sí, muchísimo, pero si miramos a las demás religiones está bastante claro que los católicos van en el pelotón de cabeza.

De los demás espero que practiquen la tolerancia democrática y que aquellos que conozco que siendo de izquierdas se pasan el año rezando para que no llueva y poder ver en la calle a su virgen o a su cristo de su alma en Semana Santa, sean valientes para defender a su iglesia todo el año, e incluso para poner la cruz en la casilla de la iglesia católica cuando rellenen los datos del IRPF.

En esto último tengo que reconocer que no todo es altruismo. Al fin y al cabo, si los creyentes que quieren que la iglesia católica mantenga sus templos, rituales, acciones sociales… no ayudan a ese mantenimiento, todo esto termina siendo mantenido por las administraciones públicas (por las presiones de la demanda social), como pasa ahora, de una forma bastante menos transparente, y provocando un malestar en el resto de la sociedad que sería perfectamente evitable.

Lo dicho: soy una atea irredenta que respeta, y mucho, a la iglesia católica y a sus fieles, aunque no sea lo megaguay. Porque, les guste o no a algunos… la iglesia católica es también una religión. Y, desde luego, tengo clarísimo que no el enemigo número uno de la democracia… para eso ya tenemos a Trump, ¿a qué sí?

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