Para mí el proceso de coaching es como un viaje: tú decides dónde quieres ir y el coach te acompañará por el camino, te ayudará a evaluar las opciones disponibles, a buscar soluciones a las dificultades, a realizar un plan de acción y a encontrar dentro de ti la confianza y la motivación para llevarlo a la práctica. Pero mucho mejor que yo lo explica la Asociación Española de Coaching (ASESCO) en su web.

He de confesar que hace un par de años no sabía nada del coaching. Solo que era una especie de asesoramiento/acompañamiento que estaba muy de moda, que las personas que tenían un coach presumían de ello y que todo famoso que se preciase tenía un coach de cabecera.

A día de hoy, y estando en proceso de certificarme como experto en coach personal y ejecutivo, puedo decir que el coaching ha cambiado mi vida para mejor, mucho mejor.

Mi llegada al coaching vino de la mano de mi interés por compartir con los demás los conocimientos y experiencias acumuladas a lo largo de los años. Llevaba tiempo rondándome por la cabeza la idea de dedicarme al mentoring (de esto hablo en esta otra entrada). Porque si algo tiene mi vida es montones de experiencias vividas y yo quería que los conocimientos que he ido adquiriendo pudiesen ser útiles a otras personas.

Me puse a buscar formación específica para el mentoring y me encontré con que las herramientas usadas en el mentoring eran en su mayoría provenientes del coaching, por lo que pensé que formarme como coach me daría la base para poder ser una buena mentora.

Así llegue al coaching. De ahí a verme atrapada por este arte (el arte de trabajar con los demás para que ellos obtengan resultados fuera de lo común y mejoren su actuación) solo había un paso muy pequeñito, que di casi de inmediato.

Me atrapó el manejo de las creencias positivas. Saber que cada persona lleva en su interior las herramientas que necesita para cambiar lo que no le gusta de sí misma y de su entorno y ayudar a esa persona a descubrir y aplicar esas herramientas en su vida para que consiga ser la mejor versión de sí mismo, convierte al coaching en un proceso enriquecedor y transformador.

El coaching ayuda las personas a focalizarse en lo que quieren, no en lo que no quieren, y les lleva a conseguir sus objetivos en mucho menor tiempo. No es terapia ni se hurga el pasado. Es un acompañamiento por parte una persona, el coach (que ha desarrollado sus propias competencias y herramientas mediante el estudio de prácticas específicas y especializadas), que tiene como misión ayudar a otra, el coachee, a recorrer en el mejor tiempo posible la distancia que le separa del objetivo que quiere conseguir en el futuro.

El coach no aconseja ni asesora, no es un experto en la materia que la persona quiere trabajar, ni en el campo profesional. El coach es el entrenador personal que le ayudará a encontrar dentro de ella la herramienta que necesita para recorrer esa distancia.

La persona tendrá que poner de tu parte las ganas de cambiar lo que le haga falta cambiar, y el tiempo y el esfuerzo que va a necesitar para conseguirlo (las recompensas no llegan sin refuerzo, tiempo y dedicación, ya se sabe), pero el coach sí le garantiza que no hará el camino solo y que cuando llegue su vida habrá cambiado para mucho mejor.
La confidencialidad absoluta, la sinceridad y la confianza que se establecen entre el coach y el coachee, y la certeza de que dentro del coachee están todas las herramientas que necesita para alcanzar sus metas, hacen del coaching un proceso crecimiento personal muy potente y que parece tener algo de mágico.

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