El mentoring es uno de los llamados nuevos modelos de gestión del conocimiento, aunque tenga una base que se pierda en el principio de los tiempos :).

La filosofía del mentoring parte de la idea de que todo individuo posee un potencial con capacidad de desarrollo y, a veces, no sabe cómo aplicarlo. El mentor adquiere el papel de guía, canalizador de contactos, impulsor de retos y, además, estimula el aprendizaje a través de experiencias.

Soy la mayor de tres hermanos y tengo que reconocer que muchas veces eché de menos tener una hermana o hermano mayor. Alguien que hubiese andando ya por el camino que me tocaba transitar a mí, hubiese perseguido los mismos sueños y se hubiese dado de bruces en las mismas puertas cerradas antes de aprender cómo se podían abrir. Estoy segura de que hubiera hecho mi camino más fácil.

No tuve esa suerte, pero la buena noticia es que siempre hay alguien que ha andando ya por esa senda o por una muy parecida. Solo hace falta estar atentos a nuestro alrededor para descubrirla y estar abiertos a dejarnos ayudar para aprovechar su conocimiento y experiencia.

Cuando hallamos a una persona que ha pasado por ese camino y se compromete a ayudarnos, entonces… ¡Genial! ¡Hemos encontrado un mentor! A partir de aquí será más fácil.

Sus malas experiencias nos darán herramientas para esquivar o resolver los problemas que, sí o sí, van a aparecer. Sus buenas experiencias nos darán fuerza y nos ayudarán a mantener la luz de la esperanza en los tiempos complicados. Un mentor nos ayudará a darnos cuenta de nuestro gran potencial, de que es posible llevar a la práctica nuestro plan A, pero que, si no lo conseguimos, también hay buenos planes B, C o D.

Todo hemos tenido mentores a lo largo de la vida, aunque quizás no les hemos dado ese nombre. Familiares, profesores, amigos… Solo hay que hacer un poco de memoria para darse cuenta de que han estado ahí compartiendo momentos importantes de nuestras vidas. Nos han ayudado transfiriéndonos sus conocimientos y experiencias cuando los necesitábamos.

En mi caso, recuerdo con especial cariño y respecto a uno de mis compañeros en mi primer trabajo con responsabilidad directiva. Con gran generosidad y a pesar de ser yo su jefa (una jefa recién nombrada y con nula experiencia en un puesto así), me abrió su gran caudal de conocimientos y experiencias adquiridos en años de duro trabajo y me dejó empaparme en ellos. Me ahorró muchísimo tiempo de aprendizaje y malos ratos y, además, me enseñó a ser generosa y a compartir eso mismo con los demás.

He tenido más mentores en todos los ámbitos: personal, profesional, político, empresarial… De todos he aprendido y a todos quiero agradecer su generosidad desde aquí. También he procurado seguir sus pasos siempre y los que me conocen saben que nunca he escatimado asesoramiento ni consejo a los que me lo han pedido. Ahora he decidido ir un paso más allá y hacerlo de forma más “profesional” porque, como todo en la vida, si quieres hacer algo mejor, e invirtiendo menos tiempo y esfuerzo, tienes que conocer las herramientas adecuadas.

Aquí es donde hay que hablar del Mentoring (mentorización en español) con mayúscula. Una profesión con gran auge y tradición en el ámbito académico y empresarial norteamericano y europeo (que se está ampliando a otros ámbitos como la política, el arte o la vida personal), cuya base es la certeza de que el conocimiento constituye uno de los recursos más valiosos que existen. Generar conocimiento con rapidez, transferirlo y compartirlo cuanto antes, resulta clave para poder dar respuesta a unos problemas cada día más complejos.

En este contexto el mentoring ha surgido con fuerza como una nueva forma de aprendizaje y gestión del conocimiento y consiste, fundamentalmente, en aprender de la experiencia de otra persona (el mentor) que enseña, aconseja, guía y ayuda al aprendiz o discípulo (el mentorizado) en su desarrollo personal y profesional, invirtiendo tiempo, energía y, sobre todo, aportando conocimientos.

El mentoring utiliza muchas de las herramientas del coaching (aunque de otra forma y en otro contexto), por eso yo he aprovechando mi formación específica como coach para profundizar en la mentorización. De esta forma he dotado a mi vocación de mentora con los recurso suficientes como para obtener los resultados deseados en el menor tiempo posible.

He empezado como mentora en temas en los que tengo experiencia suficiente como para poder ayudar a otros (política, emprendimiento, administración pública, etc). Mi experiencia hasta el momento en cada proceso individual de mentoring está siendo estupenda y enriquecedora.

Para los interesados en saber las diferencias entre mentoring y coaching, os dejo aquí el enlace a un post de Eduardo Arellano. Si estáis interesados en alguno de estos procesos os ayudará a elegir cuál os puede venir mejor.

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