Experiencias y aprendizajes de mis años de vida profesional hasta el momento

Un currículum, pero no de los de toda la vida. Un poco extenso, quizás en correspondencia con una vida larga, una personalidad inquieta y una mente curiosa

Lo que he experimentado, lo que he vivido, lo que soy

Creo que lo más interesante cuando hablamos de una vida profesional no es contar en qué puestos y lugares hemos trabajado, sino contar lo que esos trabajos nos enseñaron, qué habilidades nos ayudaron a desarrollar y qué influencia ejercieron en nuestra vida posterior.

Por eso, para que los que no tenéis prisa y os apetece conocerme mejor, aquí encontraréis algo más que un listado de los puestos de mi vida profesional, solo tenéis que ir abriendo cada pestaña.

Para los que solo queráis tener una aproximación, con los encabezamientos tenéis un listado de mi vida laboral y de mi formación, además, siempre estará LinkedIn para mayor brevedad aún :).

A unos y a otros os doy las gracias por vuestro interés en conocer esta parte de mi vida.

Comenzaré por mi primer trabajo allá por los años 80 y acabaré con los de los últimos años. No es el orden normal de un currículum moderno, pero sí es el orden lógico si se trata de repasar las vivencias y experiencias que me han convertido en lo que soy ahora.

Mi primer trabajo fue como ADMINISTRATIVA en una empresa familiar.

Duré poco, solo unos meses, los necesarios para poner orden en el desastre de la gestión de la parte administrativa. El mismo desastre en el que la mayoría de las pequeñas empresas familiares navegaban en aquella época.

¿Qué aprendí?

Que no es fácil (no lo era antes y no lo es ahora) la gestión de cualquier empresa en este país porque pequeñísima que sea. Que la burocracia puede matar por agotamiento. Y, sobre todo, que los papeles y yo no nos gustamos demasiado. Llevo toda la vida luchando contra el odio que les cogí :).

Mi primer mi trabajo como funcionaria de carrera fue de INSTRUCTORA DE EXPEDIENTES DISCIPLINARIOS al personal no sanitario

De acuerdo, es una contradicción odiar los papeles y hacer oposiciones a funcionaria del Estado, no lo discuto. En mi descargo diré que es que soy así y que en mi vida siempre encontraréis contradicciones y extremos. No muchos, eso sí, porque en general suelo mantener una cierta línea de coherencia :).

Ahí estaba yo, embarazada de mi segundo hijo, con las oposiciones recién sacadas y después de un curso de varios meses en Madrid, en la Dirección Provincial del Instituto Nacional de la Salud de Badajoz (el famoso Insalud, acrónimo totalmente desafortunado para el organismo autónomo del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social que gestionaba la sanidad y que fue el predecesor de los Servicios de Salud autonómicos) instruyendo expedientes disciplinarios a celadores, electricistas, etc., que la habían liado o se habían peleado entre ellos, en alguno de los hospitales de la provincia.

Fue una experiencia impactante que afortunadamente duró solo unos meses.

¿Qué aprendí?

Que la frase: “odia el delito pero compadece al delincuente” (una de las favoritas de mi profesor de derecho penal) había hecho mella en mí y que mi exceso de empatía podía jugarme malas pasadas. Siempre terminaba sintiendo pena de los expedientados y proponiendo para los trabajadores sanciones menores de las que al final imponía el órgano que tenía la capacidad para decidir en Madrid (aquellos tiempos del centralismo). Así que no parecía lo suficientemente dura para ese trabajo.

También aprendí que a la mayoría de los cargos públicos no les gustan los problemas (los problemas los sacan de su “invisibilidad pública” y eso los hace vulnerables y “cesables”) y por eso son muy permisivos con los malos empleados públicos. Además, aprendí que no se podía esperar que los sindicatos defendiesen solo a los buenos profesionales y aceptasen de buena gana que la mala praxis y la conflictividad deben ser sancionadas, para ellos el trabajador siempre tiene razón.

Los sindicatos tienen claro su papel: defender a sus trabajadores afiliados y las conquistas sociales. Para un sindicato en la Administración Pública la prestación de un buen servicio público de forma individual no es lo prioritario, aunque defienden la existencia de buenos servicios públicos. Esa tarea, que los servicios públicos sean eficientes, corresponde y debe ser la prioridad de todo cargo público, pero en mi primer trabajo aprendí (después lo he ido corroborado) que no siempre lo es.

Fue poco tiempo también, pero muy aleccionador. Además, me sirvió para desarrollar algunas habilidades, como el manejo de relaciones con personas sometidas mucho estrés (algunas potencialmente agresivas), y el control de la empatía, aunque nunca he podido controlarla del todo :).

Mi primer trabajo en el ámbito jurídico fue de ASESORA JURÍDICA en la misma Dirección Provincial del Insalud

Aquí había, como se suele decir, trabajo para reventar.

Os pongo en el contexto: estábamos en el año 1989 y en 1986 se había aprobado la Ley General de Sanidad, que universalizó la asistencia sanitaria e hizo crecer la demanda de servicios de forma exponencial. El mundo laboral del personal que trabajaba en sanidad sufrió una transformación radical. Cambió todo el sistema de trabajo, la retribuciones, las condiciones laborales…

El personal estatutario se equiparó a los funcionarios en casi todo, pero se mantuvo la jurisdicción laboral, más pro trabajador, más rápida y más barata que la contencioso administrativa . La conflictividad laboral se desató y los pleitos, sobre todo retributivos, colapsaron los juzgados y los jueces empezaron a “odiar” al Insalud en toda España.

También las demandas judiciales de los ciudadanos por el mal funcionamiento sanitario se acrecentaron, el sistema no podía crecer al ritmo que crecía la demanda de servicios.

¿Qué aprendí?

Que solo se deben judicializar los conflictos que no puedan resolverse por la vía de hacer bien y a tiempo la reforma normativa correspondiente. Que cuando estas reformas no se hacen, cada cargo público hace lo que le da la gana y al final los contribuyentes terminamos pagando millones (antes de pesetas y ahora de euros) en indemnizaciones que nunca deberían haberse tenido que pagar. Que unos jueces enfadados y saturados de trabajo pueden perder de vista incluso la aplicación de la legalidad.

Que un día no tiene más de 24 horas y que 16 horas de trabajo tampoco dan para arreglarlo todo y hay que aprender a priorizar. Que es inútil intentar llegar todas partes cuando no se tienen medios y que hay que aprender a separar lo urgente de lo importante y centrarse siempre primero en lo importante.

Además, desarrollé una gran habilidad para controlar el estrés, una de las habilidades más importantes y que me ha resultado más útil en toda mi vida; y, también, aprendí a aceptar que no se puede arreglar todo, ni a la vez, ni para toda la vida :).

Mi primer puesto con carácter ejecutivo fue el de SECRETARIA PROVINCIAL también en el Insalud de Badajoz

Un puesto que, al contrario de lo que pasa ahora, era de concurso y no de libre designación. En ese tiempo de centralismo la Administración sanitaria estaba mucho más profesionalizada que ahora, los puestos desempeñados por funcionarios tenía mayores y más importantes funciones y se cubrían por concurso de méritos nacionales. Resalto este tema porque creo que realmente los ciudadanos han perdido con los cambios introducidos por las Administraciones autonómicas, se ha perdido profesionalidad y se ha ganado en enchufismo y precariedad.

Por las manos del equipo de la Secretaría provincial pasaban desde la contratación de los servicios externalizados de centros sanitarios de todo tipo, las compras de equipos médicos y cualquier otro material, hasta las obras de esos mismos centros y la construcción de los nuevos. Además, como Secretaria provincial era la jefa del personal de la Dirección provincial y también formaba parte de varias comisiones que controlaban desde la contratación del personal de las instituciones sanitarias hasta el gasto en farmacia de toda la provincia.

¿Qué aprendí?

Puedo decir que aquí me hice mayor y pasé al otro lado. Hasta ese momento tenía siempre un trabajo concreto y alguien por encima que tomaba las decisiones cuando había que hacerlo. En este puesto seguía teniendo quien decidía en última instancia, sobre todo las cuestiones de programación y oportunidad (el Director provincial), pero ahora tenía que tomar constantemente decisiones que eran solo mías.

Aprendí a gestionar de verdad, a ser capaz de entender lo que tienen en común expedientar a alguien y comprar un telemando de radiología, y, creedme, lo tienen :).

Aprendí algo básico para una buena gestión: la necesidad de obtener la complicidad y el compromiso de la mayoría de los miembros de cualquier equipo si se quiere conseguir resultados. También, que hace falta apartar de los equipos a aquellas personas cuyo único objetivo en la vida es conseguir que las cosas no funcionen nunca; y también podéis creedme: existen :).

Y algo importante: es imposible formar y ser un buen equipo sin confiar en las personas que lo componen. Un equipo que no se sustenta en la confianza mutua nunca estará motivado para realizar grandes proyectos. Creo que es mejor ser confiado, aunque podamos ser traicionados, que no confiar nunca.

Refrendé, además, lo que siempre tuve claro (por algo estudié Derecho): moverse en la gestión dentro de la legalidad es siempre lo único aceptable. Nunca hay que hacer caso de los atajos que algunos gestores políticos creen que existen e intentan implantar. Algunos gestores de las instituciones sanitarias que se creían salvadores de la patria (me temo que sigue habiendo muchos) cuando actuaban por su cuenta nos creaban un montón de problemas, que nos tocaba a nosotros arreglar.

SUBDIRECTORA PROVINCIAL DE GESTIÓN ECONÓMICO-FINANCIERA: mi primer trabajo en la parte financiera del control y la gestión del gasto

Al poco tiempo de mi nombramiento con secretaria provincial, el subdirector de Gestión Económico-Financiera se jubiló y “alguien” en Madrid decidió, con la complicidad del Director provincial, que era una buena idea que yo me hiciese cargo de la gestión económica mientras la plaza era convocada y cubierta por otro funcionario de carrera (un proceso largo y complejo cuando se da a nivel nacional y concursan funcionarios de toda España), así que me atribuyeron las funciones y el cargo provisionalmente. Acepté, era joven y estaba muy motivada :). Durante muchos meses estuve compaginando los dos trabajos.

¿Qué aprendí?

Que no importa el nivel de estrés que tengas, la cosa siempre puede empeorar. Que somos capaces de trabajar 14 o 15 horas diarias, y hacerlo con una sonrisa y encantados, si lo que hacemos nos gusta lo suficiente. Que a mí me encanta aprender, aunque a veces me desespere no conseguir aprender lo suficientemente rápido como para poder evitar la sobrecarga de angustia que produce enfrentarse a lo desconocido.

Aprendí a ver todo desde el lado del control del gasto público y sus limitaciones. A decir que no a ideas estupendas para las que no había dinero (a las malas ideas es muy fácil decir que no). Que saber gestionar bien el dinero es básico si se quiere ser un buen gestor público. Que siempre habrá muchas más necesidades que cubrir que dinero disponible y que hay que asegurarse de que el dinero se gasta de acuerdo con la legalidad.

Aprendí que la gran misión del área económica de cualquier entidad pública o privada es gestionar bien los recursos y que el manejo del dinero público requiere tener un personal altamente calificado. Que ese trabajo nunca será entendido ni apreciado por el resto de sus compañeros y mucho menos por la mayoría de los políticos, que siempre ven a estas personas como los enemigos a batir porque “solo se dedican a ponerles trabas a sus maravillosa ocurrencias”.

Y también aprendí cuestiones muy básicas:
A leer en vertical. Si no se aprende a leer en vertical los papeles (o la pantalla del ordenador) que hay que firmar, no hay tiempo en el mundo para leer y firmar tanto. Es increíble la burocracia que genera el control presupuestario y financiero.
A defender las posiciones estando siempre en minoría.
A planificar la parte económica de todo proyecto.
A conocer las vías alternativas de financiación que la ley prevé y que no suelen utilizarse. Creo que una buena gestión presupuestaria es siempre mucho mejor que cualquier subida de impuestos.

PONENTE ADJUNTO en el Tribunal Económico-Administrativo Regional de Andalucía (TEARA): mi primer puesto en Sevilla y mi vuelta al ámbito jurídico

Mi traslado a Sevilla y el cambio de ministerio y actividad fueron por motivos familiares y supuso un giro de 180° en mi vida profesional.

Al ser funcionaria del Estado podía moverme entre los ministerios, así que participé en el primer concurso de funcionarios que ofertó plazas de la misma categoría profesional en Sevilla, obtuve la plaza de ponente y mi vida cambió radicalmente.

Pasé de la vorágine de la gestión sanitaria, donde cada día había que apagar varios fuegos y las decisiones se tenían que tomar sobre la marcha, a la calma más absoluta, de un trabajo ejecutivo a uno de estudio y reflexión en el TEARA.

Los ponentes se encargan del estudio de las reclamaciones y de la redacción de las propuestas de resolución que después pasan a los miembros del tribunal, que son los que deciden. Cuando un contribuyente reclama, porque no está de acuerdo con lo que las administraciones públicas le quieren cobrar por impuestos, tasas, etc., hay que analizar detenidamente el caso y ver si tiene razón. Como yo suelo decir: ¡vale, soy funcionaria de Hacienda, pero nosotros somos los buenos! ja, ja.

¿Qué aprendí?

Que es tremendamente complicada la labor de un juzgador (lo que aumentó aún más mi respeto por los jueces), ya que la aplicación de la norma a cada caso concreto es muy difícil.

Y, lo más importante, que detrás de cada reclamación, de cada expediente, lo que hay no son papeles sino personas, algo que muchos funcionarios de recaudación parece que se empeñan en no ver, quizás para poder sobrevivir psicológicamente a la doble presión a la que están sometidos: la necesidad de recaudar que tienen las Administraciones y los problemas para pagar que tienen los ciudadanos.

Me enseñó la necesidad de conseguir que los empleados públicos mantengan siempre el foco en las personas y que la humanización es una asignatura pendiente en la mayoría de las Administraciones. Esta fue una de mis mayores preocupaciones cuando pasé a la política.

Este trabajo me permitió ver la importancia de tomarse el tiempo necesario para pensar en cómo van a incidir en las personas las decisiones que se tomen.

También azuzó mi interés por la justicia social y me abrió los ojos a las grandes desigualdades que provienen del propio funcionamiento de las Administraciones. Es terrible y aleccionador ver como las Administraciones Públicas embargan y subastan pequeñas casas y pequeños negocios de gente con problemas y sin dinero para contratar buenos abogados, mientras son incapaces de acabar con los grandes defraudadores.

Mi primer trabajo político fue el de ALCALDESA DE TOMARES: pasando al otro lado del espejo

El desempeño de la alcaldía ocupa un lugar en este currículum profesional porque a esta labor me dedique durante ocho años de mi vida y desde el primer momento intenté hacerlo de la manera más profesional posible. Creo firmemente que ser alcalde de un pueblo de más de más de veinte mil habitantes, y con un presupuesto que llegó a los 47 millones de euros al año, es un trabajo. Un trabajo importante y complejo. El trabajo en una alcaldía es uno de los trabajos políticos y de gestión pública más exigentes y más variopintos que existen; y, curiosamente, el más menospreciado por el resto de los políticos que están en otros puestos, la mayoría de ellos más cómodos y mejor pagados.

Mi trabajo en la Alcaldía de Tomares consistió en liderar y ayudar a un grupo de personas que teníamos una misión: cambiar un pueblo que apenas tenía infraestructuras y servicios en otro con los mejores servicios posibles y en el que todos los vecinos estuviesen contentos de vivir, conseguir involucrar en esta tarea a los empleados del propio ayuntamiento y a buena parte de los vecinos y hacer que se ilusionasen con el reto que teníamos por delante.

Y también teníamos una visión: que todos los vecinos se sintiesen unidos y orgullosos de vivir en Tomares. Algo muy complicado en aquel tiempo, ya que era un pueblo con una gran mayoría de vecinos llegados desde otros lugares en los últimos años y de más de sesenta nacionalidades. Cuando entramos en el gobierno municipal existía una profunda división entre los nacidos en Tomares y los que éramos “forasteros”, división que se acrecentaba por la inexistencia de espacios públicos de convivencia y la diferencia de forma de vida de unos y otros.

¿Qué aprendí?

Que tener una visión poderosa, y conseguir que esa visión fuese compartida por mucha gente, era el único motor que yo necesitaba para volver a trabajar a un ritmo endiablado de 15 o 16 horas diarias, y que era muy afortunada porque todo lo que había aprendido con anterioridad me fue de mucha utilidad.

Aprendí que hay gente que puede amarte sin conocerte y gente que puede odiarte hasta el extremo sin que hayas cruzado jamás una palabra con ellas, y que esto hay que asumirlo aunque no se entienda. Que las demandas de los ciudadanos son infinitas, pero que también saben que muchas nunca serán satisfechas.

Aprendí mucho de áreas de gestión que nunca había tocado: urbanismo, cultura, deporte, seguridad, etc.; y a valorar las verdaderas críticas (antes aprendí a separar el insulto de la crítica) como lo que realmente son: un regalo, porque te ayudan a mejorar.

Aprendí aún más cuando perdimos las elecciones (se dice que de los fracasos se aprende más que de los éxitos y creo que es verdad). Por ejemplo: que hasta las visiones poderosas se agotan y que necesitas una nueva visión para continuar. La visión que nos había animado ya se había agotado porque se había alcanzado con un rotundo éxito, pero no fuimos capaces de verlo a tiempo, de implicar de nuevo a la gente en el desarrollo de una nueva visión. Solo después de perder tuve verdadera consciencia de la importancia de la visión y de la misión en la vida de cada uno.

También aprendí que la soledad del poder es equiparable a la soledad del fracaso y que cuando se baja la guardia inevitablemente se termina perdiendo. Que no existen las dulces derrotas, por más que hayas perdido por muy pocos votos y los votantes prometan que no se volverán a ir al Rocío sin haber dejado antes su voto por correo :).

Todo este aprendizaje, de lo bueno y de lo malo de mi paso por la política, me hizo más fuerte y más sabia. Por eso estaré siempre agradecida a mis vecinos. Me dieron una oportunidad increíble y será siempre una experiencia inolvidable.

PRESIDENTA del OPAEF: la gestión financiera desde el lado de la recaudación y el reto de aumentar los ingresos públicos

Se puede decir que presidir el Organismo Provincial de Asistencia Económica y Fiscal de la Diputación de Sevilla (OPAEF) no fue un trabajo en sentido estricto ya que no me impliqué en la gestión del día a día y nunca cobré nada por él, pero sí lo fue a nivel de implicación en el desarrollo de una nueva visión: una recaudación verdaderamente eficiente que aumentase los ingresos de los ayuntamientos y fuese más barata de mantener.

Fue un gran reto dirigir este organismo en el momento (años 2003 a 2007) en el que una reforma fiscal del gobierno de Aznar dejó a los ayuntamientos sin los ingresos del Impuesto de Actividades Económicas, y hacía falta mejorar la gestión del resto de los recursos municipales para paliar esa pérdida.

No podíamos hacerlo solo en Tomares, la gestión recaudatoria estaba (y sigue estando) centralizada a nivel provincial, así que pensé que había que implicarse en la gestión provincial, por eso le pedí ese nombramiento a, en aquel entonces Presidente de la Diputación Provincial de Sevilla y hoy muy buen amigo, Luis Navarrete. Se lo pensó durante una semana, no quería poner a alcaldes en puestos con tanta responsabilidad directa, pero al final dijo que sí.

No necesitamos hacer ningún cambio en la dirección del organismo, aunque sí cambiamos profundamente la manera de trabajar. Al final conseguimos el objetivo: pasamos de recaudar 123.048.662,74 € en el año 2002 a recaudar 186.340.601,89 € en el año 2006 (un 51,4% más).

¿Qué aprendí?

Que un mismo equipo directivo puede pilotar un cambio de enfoque importante que se traduzca en un gran rendimiento. Solo hace falta que al llegar a su dirección se deje atrás cualquier prejuicio y enfocarse en conseguir que el equipo se sienta a gusto formando parte de un nuevo proyecto.

Que los buenos profesionales solo necesitan objetivos claros y respaldo de las decisiones que tomen cada día para conseguir una gestión brillante. Parte del tiempo que dediqué al OPEF lo invertí justo en eso: respaldar las decisiones del equipo directivo y mantener alejados del organismo a algunos compañeros políticos que no valoraban (y siguen sin valorar) eso de la profesionalidad:).

SECRETARIA DEL CONSEJO SOCIAL de la Universidad de Sevilla: la vuelta a mi universidad

Éste sí era un puesto de trabajo en sentido estricto en la mayoría de las universidades españolas y se desempeñaba con dedicación exclusiva. Mi caso fue distinto, yo era ya vocal del Consejo Social y llegué al puesto de Secretaria (tras la jubilación de la persona que lo desempeñaba) por un compromiso personal con la Presidenta del Consejo. Quería un perfil como el mío, pero yo no podía dedicarle mucho tiempo, así que el acuerdo fue que yo me dedicaría a unas funciones muy concretas sin recibir ninguna remuneración y que ese presupuesto se dedicaría crear un puesto de director técnico que se ocuparía del día a día de la secretaría.

No es este lugar apropiado para hablar de la labor de los Consejos Sociales, solo decir que son el órgano de representación de la sociedad en las universidades públicas y que tienen muchas funciones asignadas legalmente y poquísimo presupuesto y personal para desarrollarlas.

¿Qué aprendí?

Que existen órganos públicos para los que hace falta mucha paciencia porque conllevan un montón de trabajo (estudios, propuestas, proyectos, reuniones, etc.) que después no suele ser tenido en cuenta por los responsables políticos, más allá de lo bien que quedan hablando de estos temas ante la opinión pública.

Que, a pesar de todo, hay que hacer ese trabajo, porque las ideas, como las semillas, hay que irlas sembrando en la cabeza de mucha gente y esperar que algún día germinen en la cabeza de la persona adecuada para llevarlas a la práctica.

JEFA DEL SERVICIO DE COORDINACIÓN del TEARA: vida privada vs. vida pública

Nada más perder las elecciones pedí el reingreso como funcionaria y volví al TEARA, donde sigo en la actualidad. No había vacante como ponente (a pesar de lo que se cree, la excedencia por cargo público no garantiza volver al mismo puesto, sino volver a un puesto de similar categoría en la misma ciudad), así que en esta ocasión me incorporé como Jefa del Servicio de Coordinación. Mi vuelta fue como volver a entrar en otra dimensión del mundo y del tiempo. Nada más traspasar la puerta de entrada me di cuenta de que era lo que necesita.

Me encantó respirar de nuevo la atmósfera de recogimiento y estudio que existe allí, y parar en seco la vida tan ajetreada que impone la política, recomponerme, relajarme. Dejar atrás tantísimo estrés y volver a una jornada normal de trabajo. Tener de nuevo tiempo “libre” para mi familia, para mis amigos, para mí, para realizar un podcast con mi hija llamado Politicapodcast (entre didáctico y divertido, sobre lo que es la política y la economía, sus conceptos más básicos pero más desconocidos. Tiene varios años pero sigue vigente), para escribir un par de libros (tomar parte en ensayo sobre el Estado del Bienestar I love the Welfare State. Los ciudadanos por encima de los mercados” y escribir una novela sobre la corrupción política y económica “Dodecaedro“). Incluso para meterme en el lío de montar una empresa tecnológica con unos amigos y volver otra vez a ocupar tardes y fines de semana con una nueva visión. Según escribo esto me doy cuenta de que no tengo remedio:) y que tengo una familia maravillosa que aguanta todo.

¿Qué aprendo cada día?

Que el mundo de la recaudación impositiva está cada vez más desalmado; y que, por eso mismo, si no existiesen los tribunales económicos-administrativos habría que inventarlos para poder darle alguna protección a los “administrados” (esa palabra tan negativa pero que cuadra tan bien para describir la relación entre las entidades recaudatorias y los ciudadanos que las pagan y las sufren) frente a unas administraciones a las que cada vez se les da más poder y se les pide menos cuentas.

Que día a día los ciudadanos perdemos derechos y que ni siquiera nos damos cuenta hasta que ya es tarde. Desgraciadamente, también cada vez se les va quitando más competencias a estos tribunales y, por lo tanto, aumentando la desprotección de los ciudadanos más desfavorecidos y que no tienen dinero para acudir a los jueces de lo Contencioso-Administrativo.

Intento aprender cada día a lidiar y a gestionar la impotencia ante las cosas que no están en mis manos arreglar, pero por el momento no termino de conseguirlo. En mi defensa diré que no es fácil aceptar (ya que no puedes hacer nada) la voracidad recaudatoria de algunas Administraciones que persiguen a ciudadanos con deudas inexistentes, utilizándolos como prestamistas forzosos, a los que embargan sus viviendas si no pueden pagar un dinero que no deben, a sabiendas de que algún día, después de varios años de recursos, angustias e incluso pérdidas de negocios y viviendas, un tribunal les dará la razón a ellos.

Sí he aprendido a ponerme en el lugar de los empleados públicos de esas Administraciones, a los que unas normas (muy técnicas y aprobadas por políticos que en muchas ocasiones no tienen ni idea de lo que están aprobando) les atribuyen unas funciones que han de cumplir, les gusten o no les gusten. Imagino como tienen que sentirse al tener que ejecutar una hipoteca y dejar a una familia o a los trabajadores de un negocio en la calle, mientras ven como la lista de grandes empresas deudoras aumenta y sus directivos se pasean por las páginas de los periódicos sonrientes, porque estos sí que están protegidos por otras normas, también muy técnicas y también aprobadas por políticos incompetentes o directamente corruptos. Sí, las Administraciones públicas también ejecutan hipotecas, muchas (cuando se ha puesto un bien como garantía o se ha embargado y el dueño no ha podido pagar), y también dejan a la gente en la calle, como los bancos y los prestamistas.

Mi trabajo como SOCIA DE NUCLEUS MEDIA SL: mirando la vida desde mundos paralelos

Después de escribir ambos libros me embarqué en un nuevo trabajo de tardes y fines de semana para el que tuve que pedir la compatibilidad pero del que nunca cobré nada, al contrario: en el que he terminado poniendo mucho dinero y tiempo. Tampoco es nada raro, es ni más ni menos que lo que le ocurre cada día a miles y miles de emprendedores de este país.

A pesar de que al final no hemos conseguido sacar adelante la empresa, crear una startup ha sido uno de los proyectos más ilusionantes de mi vida. He aprendido tanto y he disfrutado tanto de la experiencia de crear una empresa tecnológica desde cero que doy por bien empleado todo el esfuerzo y el dinero aportados. Desde mi perspectiva de empleada pública ha sido tan emocionante como debe ser para un astronauta pasear por el espacio.

Con Nucleus Media creamos una plataforma informativa (NucleusInfo) concebida como un portal que pudiese concentrar en un solo lugar el trabajo de miles de periodistas, para ofrecer un periodismo sin ningún tipo de censura a los ciudadanos y, también, poner a disposición de los profesionales las herramientas tecnológicas que hoy día necesitan para hacer buen periodismo de investigación.

Conseguimos estar entre los proyectos españoles mejor valorados por la Comisión Europea en el proyecto europeo Horizonte2020, lo que nos hizo sentir especialmente orgullosos.

Desgraciadamente no conseguimos la financiación necesaria para un desarrollo tecnológico tan complejo, ni de Europa ni tampoco del Gobierno español, que consideró el proyecto muy interesante pero no prioritario, algo lógico si pensamos que el objetivo consistía en conseguir información periodística sin línea editorial y sin censura ¿verdad? :).

Tampoco conseguimos inversión privada, salvo la de los socios y algunos amigos que creyeron desde el primer momento en el proyecto, lo que nos impidió lanzar la plataforma al siguiente nivel. Al final tuvimos que cerrar NucleusInfo y paralizar la actividad de Nucleus Media, al menos por el momento.

Lo que no se publica, cuando se habla de las inversiones en startups, es que en España los inversores privados no invierten si antes esa empresa no trae el respaldo de alguna Administración pública, por lo que sin inversión pública no hay privada y viceversa. Esto convierte la gestión de las startups en una pesadilla financiera que termina con el cierre de la inmensa mayoría.

¿Qué he aprendido?

Tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Desde desarrollar e interpretar planes de todo tipo (de negocio, financieros, de marketing, de publicidad, de ventas, de internacionalización, también de logística, de financiación, de mercados, etc.) hasta conseguir desentrañar el entramado de los negocios on-line, un mundo tan diverso como el de los negocios of-line.

Que no existen mundos más dispares que el mundo del emprendimiento tecnológico y el mundo de lo “público” (entendido este último como comprensivo de la Política y de las Administraciones públicas en toda su extensión). Ahora sí que puedo decir, con verdadero conocimiento de causa, que existe una brecha digital enorme que separa a los políticos dirigentes de la realidad tecnológica existente. Por muy “moderno” que pueda ser un político en su discurso, se nota desde lejos que no sabe de lo que habla en el 99% de los casos.

Que hay un mundo increíble de gente joven y no tan joven que sabe que la partida por un futuro mejor se está jugando en el campo tecnológico y que hay que estar ahí e intentarlo toda las veces que haga falta; porque, afortunadamente, en este mundo los fracasos no están mal vistos, todo lo contrario: suman en positivo, todos tienen claro que con cada fracaso nos volvemos más fuertes y más sabios.

Y, sobre todo, he aprendido que hay que quitarse el sombrero ante los emprendedores que luchan cada día por sacar a delante las empresas que fundan. Ante esos seres capaces de sacrificar todo por un sueño.

Por último un breve resumen de otros sitios por los que he pasado y en los que he aprendido:

A lo largo de mi vida profesional he participado como vocal o presidenta en comisiones y mesas de las más diversas materias. En todos estos lugares he aprendido, sobre todo, a negociar, asumiendo que cada persona tiene una forma única de ver cada cuestión y que es imprescindible hacer concesiones si se quiere conseguir acuerdos.

También he aprendido de la formación tradicional, claro está. Estudié Derecho y me especialicé en Derecho Público, hice un Curso de Alta Dirección de Instituciones Sociales, un postgrado en Project Management Profesional, un máster en Gestión Ágil de Proyectos, y en los últimos tiempos ando liada con un curso Internacional de Experto en Coaching, para poder certificarme internacionalmente como coach personal y ejecutivo.

También he participado en congresos, cursos, jornadas y seminarios en las más diversas materias, en la mayoría como discente y en algunos como docente.

Espero poder seguir participando y aprendiendo en el futuro.

Si al final has terminado leyéndolo todo te doy de nuevo las gracias por tu tiempo y por tu interés, y te pido disculpas por lo extenso del texto.

Lo dicho: tengo una vida larga, una personalidad inquieta y una mente curiosa.

Espero seguir igual en el futuro, porque sigo conservando intacta esa curiosidad y mi personalidad inquieta se agudiza con los años:). Así que estoy segura de que me queda mucho por hacer y por descubrir.

 

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