Esta vez os traigo una entrevista a un médico al que he tenido el placer de conocer no hace mucho tiempo. Su primera novela nos revela otras de las muchas caras de corrupción. Esta es una especialmente dolorosa, porque tiene que ver con la salud y la vida de los ciudadanos, convertidas en moneda de cambio para médicos sin escrúpulos que las venden a cambio de reconocimiento, poder y dinero.

Son los llamados K.O.L., los líderes de opinión (así se llama la novela), a los que la sociedad, con sus políticos a la cabeza, premian y casi veneran, ignorantes de su falsedad, la mayoría, y protectores de sus chanchullos, la minoría que los conocen.

Se produce entre protectores y protegidos una simbiosis, en el que los K.O.L. prestan lustre a los políticos y gestores sanitarios y estos hace la vista gorda y pagan las cuantiosas facturas a los laboratorios que las opiniones de los K.O.L. les generan.

A ver quién es el guapo que contradice lo que un “experto de nivel internacional” dice que hace un nuevo medicamento “maravilloso” que va a curar tal o cual enfermedad. Mientras, todo el dinero que se va por ese sumidero se detrae de otros lugares que realmente lo necesitan, produciendo un trasvase cuya factura se compone de un número de muertes que nunca debieron producirse.

¿Hacen algo los políticos que lo saben? Sí que lo hacen, solo que no en el sentido que parecería el adecuado, les dan medallas y se hacen fotos muy sonrientes junto a ellos. Porque no lo olvidemos: son los líderes de opinión.

 

A continuación la entrevista a Federico Relimpio Astolfi, un médico que se ha atrevido a denunciar lo que hay detrás de muchos de esos K.O.L.
Este es un blog personal en el que por el momento escribo, sobre todo, del entorno político en el que estamos viviendo y me consta que es un tema que a ti también te preocupa. por eso me gustaría empezar por una de tus faceta de escritor: la de bloguero. ¿Nos puedes presentar tu blog y contarnos cómo y cuándo nació, y qué te impulsa a mantenerlo?

La historia es a la vez larga y simple. Hace mucho tiempo comencé a escribir cartas al director a los distintos diarios por necesidad de expresar una serie de inquietudes. Me encontré con que a veces se publicaban y otras no, y que las extractaban de modo caprichoso, desvirtuando el sentido. La aparición del blog me da una alternativa de expresarme en plena libertad, y de recibir una comunicación inmediata por parte de los lectores, lo cual me estimuló muchísimo.

 

Cuéntanos más sobre él para aquellos que no lo conozcan ¿Por qué crees que deberían leerlo?

Al principio tocaba todo tipo de inquietudes, desde política a cuestiones sociales. Y política internacional, que siempre me ha interesado mucho. Pero lo profesional me ha centrado mucho; es gran parte del contenido del blog. Es preciso saber que un médico de Sevilla no puede comunicarse con uno de Almería, por ejemplo. No existen esos canales institucionales, como existen en otras empresas, cuando los problemas que tenemos son comunes. Podría percibirse que existe un recelo institucional a una comunicación no regulada en la base. Fue eso lo que me lanzó, y además en abierto, para todo el mundo, con la intención de olvidar el oscurantismo de la mal llamada “clase médica”, y exponer públicamente problemas comunes, abrirlos al debate y decir a ciertos poderes que no podían continuar mirando hacia otro lado.

(Aquí yo agregaré algo de mi cosecha, ya que el autor, por modestia, no se ha atrevido a hacerlo: Deberíais leerlo, no os dejará indiferentes, eso es seguro. Lo encontraréis en su web: federicorelimpio.com)

Tu primera novela retrata tu entorno de trabajo como médico en el sistema sanitario público, ¿cómo surgió la idea de escribir una novela? ¿Qué hay de real y qué de ficción en ella?

KOL Líder de Opinión nace en un momento crítico de mi vida profesional, no puedo ocultarlo. Había pasado el ecuador de la misma, y el balance no era satisfactorio. Poco quedaba ya de aquel entusiasmo juvenil de los veintitantos. Creo que no exagero si digo que una pila interna se me agotaba, y amenazaba con averiar el resto de la máquina. Había vivido y trabajado bajo un Sistema politizado, autoritario y desmotivador, cuyos rigores no hacían sino darme una vuelta de tuerca tras otra. Se me había ofrecido la posibilidad de desarrollo como líder de opinión a sueldo de la Industria Farmacéutica, con unos pingües ingresos, vendiendo mi conciencia ética, profesional y científica. Cedí al señuelo de los incentivos del Sistema y de los honorarios de ponente hasta vaciar cualquier escrúpulo. Hasta que un día me miré al espejo y sentí náuseas. Por delante, media vida profesional. ¿Era eso lo que quería? Era preciso realizar un exorcismo. Lo hice, y me senté en el mejor diván que conozco: escribirlo. Ahí lo tienen, y aquí estoy, feliz y contento de ofrecer al paciente y su familia lo mejor que hay en mí. Sin otra pretensión.

 

Tu respuesta nos habla de un sistema sanitario politizado, autoritario y desmotivador, ¿Crees que siempre ha sido así con los profesionales y que tu experiencia personal es la misma o muy parecida a la mayoría de los profesionales sanitarios?

De mis charlas con un excelente amigo mío, Alfonso Pedrosa, saqué la idea de que el mío era un punto de vista poco menos que marginal. Que había un núcleo adepto-entusiasta, y una muchedumbre silenciosa que se adaptaba a los cambios como podía, poco a poco. Luego he visto y oído más, y he cambiado sustancialmente ese punto de vista. Tradicionalmente ha existido una desazón en torno a la desidia o desinterés de las autoridades acerca de la cuestión sanitaria. Mis mayores me transmitieron, sin embargo, la existencia de un momento de ilusión en los hospitales, situado en el tardofranquismo, donde, según me contaban, al menos les dejaban hacer sin darles demasiado la lata. Luego todo fue a peor. La medicina se hizo muy cara, y el estado de las autonomías desmembró el Sistema de Salud en una serie de taifas, con una serie de gobiernos compitiendo a ver quién lo hacía mejor, en apariencia, con una serie de restricciones presupuestarias terribles. Añade a eso que el modelo PP pretende ser diferente en muchas cosas al modelo PSOE, o eso parece. Una guerra de cara al electorado. Una tensión constante en los servicios clínicos, que deben convertirse en servicios propagandísticos. Y los librepensadores-libreescritores-blogueros somos unos disidentes quintacolumnistas, se lo puede imaginar. Ese ambiente ha carbonizado a buena parte de la profesión, especialmente en Primaria, pero también en hospitales. La guerra civil granadina librada por los médicos anti y pro Jesús Candel es buen ejemplo de ello.

 

¿Qué ha cambiado a mejor, si crees que hay algo, y a peor en el sistema sanitario público desde que la escribiste?

Tengo que reconocer lo limitado de mi perspectiva. Lo intentaré, sin embargo. Veamos, hemos atravesado una crisis económica brutal y prolongada. Millones de ciudadanos han sido arrojado al desempleo y la pobreza. Se trata del principal marcador socio-sanitario. En esas, el Estado pierde una oportunidad de oro. Podía haber acometido una reforma en profundidad del Estado y las administraciones, haciéndolas verdaderamente eficientes. El PP tuvo todo el poder para hacerlo, y no lo hizo. Se limitó a recortar prestaciones. El PSOE también lo hizo aquí, aunque lo quiso disimular, y le echó la culpa al PP. O eso es lo que dicen las fuentes sindicales, y otras. No tengo datos para argumentar. Todos se lanzaron a ingeniosas fórmulas de titiritero para apañar la cuestión sanitaria, mientras se dejaban intactos parlamentos, observatorios y agencias. Es posible conectar todo esto con el recrudecimiento de la cuestión catalana, pero es una hipótesis osada. En Andalucía, las fórmulas fueron varias, comenzando con las fusiones hospitalarias, y el famoso ensayo de la aplicación sui generis de las treinta y siete horas y media. Esto último se viene abajo por su terrible impopularidad, y la agenda propia de Susana Díaz. No entro en analizar las fusiones; ya las analizó el pueblo de Granada en varias manifestaciones multitudinarias. Sordos y ciegos anduvieron por la Junta, y a peor que fue la cosa, hasta que Susana Díaz vio, en Jaén, que la cuestión podía complicarle su carrera política. Ya digo que, desgraciadamente, la cuestión política personal y la sanitaria están estrechamente imbricadas. Al margen de ello, las perspectivas son sombrías: solo se aprecia un sector privado robusto, en alza, en Andalucía y en todas partes.

 

Vayamos entonces a cuestiones menos sombrías y profundicemos en tu primera novela. Imagina que yo soy una posible lectora que aún no se ha decidido a comprar KOL Líder de opinión (es un suponer porque ya está comprada, leída y recomendada aquí) ¿qué me dirías para convencerme de que merece la pena leerla? ¿Qué va a encontrar el lector en KOL?

Hay dos perfiles. Para un profesional sanitario tiro de las palabras exactas de Fernando Fabiani, médico de Atención Primaria, actor – lo veo este sábado, sin ir más lejos -, y escritor – acaba de publicar “Vengo sin Cita” (¡mucha suerte, Fernando!): “Recomendable para todo médico en ejercicio que, si se ve reflejado, sentirá un pellizco en el estómago y otro en el alma abriendo la puerta a hacer ahí un punto de inflexión en su devenir profesional.” También podría tirar de las palabras de otro pedazo de compañera, Mónica Lalanda, médico de Urgencias, bloguera e ilustradora, ejemplo para toda España de cómo enfrentarse a condiciones degradantes, largarse y asumir victoriosa un expendiente disciplinario: “un libro sublime, una pequeña joya muy recomendable para cualquier médico. Debería ser de lectura obligatoria en las Facultades de Medicina.”

Pero me interesa más, mucho más la gente común, sin conocimientos de esa espesa jerga médica que a veces no entendemos ni siquiera nosotros mismos. Para ellos, nada mejor que las palabras de Guillermo Rodríguez, CEO de Galenika Cosmetics y “optimista crónico”: “Esta novela además pudiera ser un gran despertar para todos aquellos pacientes que día a día acuden a un médico, de atención primaria o especialista, demandando por supuesto atención, sin pensar que detrás de esa bata está antes que un médico, está un humano que siente, padece y que también tiene momentos bajos, pero que a pesar de esas circunstancias puede y debe dar lo mejor de si para recuperar la salud de su paciente. No dejes de leer KOL Líder de Opinión, un gran Libro.”

 

Creo que estas recomendaciones son más que suficientes para convencer a los lectores de este blog de que merece la pena leerlo :). ¿Qué tal si nos cuentas algo más de tu segunda novela, que está a punto de ser editada?

Bueno, enlaza con la primera novela. Tanto, que empecé a escribir la segunda antes de que la primera tuviera su forma definitiva. Creo que no hago ningún spoiling – y perdóneseme el anglicismo – si digo que el personaje nuclear de KOL Líder de Opinión no es el doctor, sino su paciente. Y que el hilo argumental es el reencuentro ético y personal del médico tras la pérdida de valores. Tras ese viaje, creí que había llegado el momento de explorar el mundo inmenso que existía al otro lado de la mesa. Es decir, había llegado a un pacto con la profesión: ahora me permitiría bucear en las personas que veía a diario. Cada una con sus historias. Con ellas, construí una historia peculiar, una especie de retablo literario que nos describiera los terribles sufrimientos de una época. De ese modo, en cada pieza de este retablo se avanza a través del relato de las vicisitudes del protagonista, visto desde el punto de vista de cada una de las mujeres que tuvieron un papel importante en su vida. Veremos que es difícil conocer la verdad acerca de su vida y de su muerte. Que los puntos de vista son contradictorios, que no era ángel, ni diablo, que cada mujer lo examinó desde su prisma personal, y que la verdad quedó sepultada “Bajo su Piel Tatuada”. El nombre de la novela.

 

Tengo que decir que he leído los primeros capítulos y ya me ha enganchado :). ¿Qué te parece si para terminar nos comentas cuáles son tus proyectos de futuro más inmediatos? Y nos cuentas algo de otras de tus aficiones: la fotografía.

Proyectos… Uff! La tercera novela está concursando y no puedo decir más. Hay que mantener un poco el misterio, ya sabéis de qué va esto. Solo deciros que mi coach literario – y perdón por el anglicismo, de nuevo – me ha dicho que es lo mejor que he escrito. Y no es nada complaciente: me hizo extirparle de raíz un capítulo completo. Así, por las buenas, como si te arrancan una muela. La cuarta, concluido el primer borrador y activa – pero lentamente – en un repaso a cara de perro, palabra a palabra, párrafo a párrafo. Llevo ahí un cuarenta por ciento. La fotografía, no me hagas llorar, que pocos saben lo que exige cuando te la tomas con seriedad. Cuánto trabajo en la calle, y cuánto en casa, edita y compón. No se puede todo, a la vez, imposible. Pero es bonito tener cosas ahí, para retomar.

 

De todas formas qué tal si nos dejas alguna aquí y nos la comentas para que podamos disfrutarla.

De acuerdo, os dejo una: “El Ancla”

 

“El Ancla”

“De la tarde, poco quedaba. Caminábamos en silencio, de vuelta a casa. Nos acompañaba la brisa, los aparejos de pesca, la arena y allá, al fondo, un horizonte nítido, que sería oscuridad dentro de poco. Y ahí estaba: oxidada, envejecida, semienterrada. Imponente. Bien fija con cabos. Como para impedirle volver al mar. Y, de repente, las gaviotas echaron a volar… Mil graznidos me recordaron los viejos versos de Pessoa:

Oda      (*)

Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Por eso la luna brilla toda
En cada lago, porque alta vive.
(*)  De heterónimo Ricardo Reis”
Federico Relimpio Astolfi, con los versos de Fernando Pessoa.

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