Fíjate si te quiero tanto, que quiero para ti el mundo que quiero para mí

 

“Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”. ¿Quién no ha dicho y oído esta frase, o incluso intentado aplicarla, muchas veces? Es una de esas reglas morales que tienen miles de años de existencia y que, en mi opinión, han terminado siendo realmente dañinas para la democracia.

Hoy me ha parecido interesante hablar de esta regla y de dos de los defectos de la democracia. Porque sí, queridos míos, la democracia no es perfecta, por mucho que algunos la eleven a la categoría de lo sagrado y hagan suya la frase de Paul Auster: “Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión”. En mi caso cada vez soy más de la opinión de Winston Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”.

Los defectos a los que me refiero son el “simplismo” y el “buenísimo” democrático, sobre todo, en la aplicación de las reglas morales cuando se traspasan al comportamiento político, obviando que detrás de cada una de esas reglas morales hay siglos de disputas entre los filósofos y que si algo tienen las reglas morales es que son tan interpretables como cualquier otra cosa.

Volvamos a la regla con la que empecé, “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”, y que en política ha derivado en algo así como: Fíjate si te quiero tanto, que quiero para ti el mundo que quiero para mí. A esto aplican todos sus esfuerzos nuestros líderes políticos y muchos de los defensores de la democracia.

Parece algo fantástico, ¿verdad? Claro que solo hay un “pequeño problema”, que parecen olvidar completamente que el “para ti” y el “para mí” nunca son, han sido, ni serán jamás, iguales.

Por mucho que nos moleste eso y que nos neguemos a asumirlo y a aceptarlo, nuestros sentimientos, pensamientos y actitudes vitales, tienen mucho más que ver con nuestra personalidad que con los posibles adoctrinamientos externos.

Creo que necesitamos asumir de una vez que en entornos como el nuestro, donde la democracia y la libertad aunque sean imperfectas tienen un peso importante, no valen ya los maniqueísmos trasnochados del tipo: Si no crees que lo que te ofrezco es lo mejor para ti es porque estás alienado por un sistema que te hace pensar de una manera sesgada. En serio, ¡no vale!

Cada cual tiene cientos de razones para coger la papeleta que coge a la hora de votar, o quizás no cientos, quizás solo tiene una o veces incluso ninguna y se deja llevar por emociones positivas o negativas. Pero lo que sí tenemos todos es una personalidad bastante más definida de lo que los demás creen.

Por eso mismo en democracia no nos sirve lo de: trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti. Tendría que ser más bien: trata a los demás como a ellos les gustaría que los tratases. O como ya decía Bernard Shaw, allá por finales del XIX, “No hagas a otros lo que quisieras que te hagan a ti. Sus gustos pueden no ser los mismos”.

Deberíamos respétalos, respetar su forma de ser y de ver el mundo, y, sobre todo, no intentar imponerles, “por su bien y contra su voluntad”, un mundo que no quieren.

 

Los cuatros estilos básicos de personalidad, con su mezcla infinita, presentes en cada uno de nosotros.

Creo que está bastante claro que el Modelo Insights, desarrollado a partir de los estudios de análisis de personalidad de Carl Jung, nos da muchas más pistas de por dónde va a transcurrir siempre el devenir de los hombres que esos intentos, condenados de antemano al fracaso, de igualarnos a todos en un pensamiento político-social único.

(Para los interesados os dejo aquí el enlace que explica cómo es el modelo desde una perspectiva desenfadada, pero muy ilustrativa, “Advierto: vais a ir por la vida coloreando a todo el mundo”)

A partir de aquí ¿qué tal si nos planteamos hasta qué punto podemos cambiar el mundo y a los miles de millones de personas que existen en él para adaptarlos a nuestra visión de lo bueno y lo malo, cuando nuestra visión está desarrollada en nuestra mente a partir de una mezcla única de personalidad?

A mí me parece que son esfuerzos destinados al fracaso, sí o sí. Pero claro, yo soy una mezcla de amarillo y rojo, con cachitos de verde y una pizca de azul ¿qué voy a decir?

No es el caso de mi amigo Manolo que es verde, muy verde, mezclado con algo de amarillo y un poquito de rojo, y se mueve en un universo, el de las ONGs, que está formado en su mayoría por gente de su misma personalidad.

Él sigue creyendo que el resto del mundo puede, debe ser, y será mucho más feliz cuando consigan hacernos ver al resto de las personas que hacer los que ellos piensan que hay que hacer y vivir como ellos creen que hay que vivir es la llave a la verdadera felicidad.

Claro que sí, pero de su felicidad, solo de la suya y de los que se sienten a gusto en ese mismo entorno. ¿Qué harían los rojos puros en entornos de verdes puros? No quiero ni pensarlo.

Me parece que en realidad la felicidad tiene mucho más que ver con nuestra personalidad, y las necesidades que la misma nos crea, que con el paraíso perdido o el nunca encontrado.

Por eso creo que la política democrática debería centrarse en conseguir un entorno en el que cada cual pueda desarrollar su propia personalidad en libertad y no en conseguir un entorno de pensamiento uniforme.

 

Un entorno seguro y confiable: un deber democrático.

Temer por nuestra propia vida y por nuestra seguridad destroza cualquier posibilidad de ser felices, creo que en esto estaremos todos de acuerdo.

Si ese temor tiene una base real y posible, como está ocurriendo ahora mismo con el terrorismo internacional y la guerra no declarada en la que estamos inmersos, entonces necesitamos poner los pies en el suelo y dejarnos de “historias”, dejarnos de búsquedas de posibles antiguos culpables y también de futuras arcadias felices, necesitamos centrarnos en lo que tenemos, aquí y ahora, entre manos.

Me dirijo, en especial, a quienes siguen con el complejo del pensamiento buenista de “paz y amor” de la izquierda del siglo XX. Creo que la izquierda europea debería haber aprendido, después de dos guerras mundiales y de otra más en suelo europeo en el último siglo, que en el mundo cuando se plantea la dicotomía seguridad/desarrollo social, se pierde una cosa y la otra, además de la libertad. Y lo mismo le digo a la derecha.

Por cierto, para los que piensen que soy una alarmista, en Suecia el gobierno de socialistas y verdes acaba de recuperar el servicio militar obligatorio que quitaron en 2010, como también lo tienen en Noruega, Filandia y Dinamarca. Y no hablemos ya de Suiza, donde es obligatorio entre los 20 y los 32 años (y los jóvenes guardan el arma en su casa) y así se mantiene a pesar de un referéndum realizado en 2013 para quitarlo y que fue rechazado por el 73%.

Estas son las cosas de los países socialmente más avanzados del mundo, que pueden darnos lecciones de democracia a los demás, de las que parece que no nos gusta hablar por aquí. ¡Nosotros y nuestros complejos!

Estoy más que harta de que me quieran obligar a elegir entre gastar el dinero de mis impuestos en seguridad o en servicios sociales. Que no, que quiero que se gasten en las dos cosas, que ya dije que pagamos demasiado para que después nos obliguen a tener que elegir entre los pilares básicos del Estado del Bienestar, habiendo tantas otras cosas de donde recortar.

Me parece que en el fondo la gran mayoría sabemos que la seguridad, en todas sus vertientes, es básica, que es importante invertir en ella y mantenernos siempre alertas.

Por mucho que a los de personalidad básicamente verde les parezca que todos los conflictos del mundo se pueden solucionar convenciendo al resto de los humanos de que la felicidad está en la cooperación y la vuelta a un mundo sencillo y en un entorno natural. Estoy convencida de que para ellos eso es cierto. Para mí desde luego no lo es.

Para mí el mundo siempre necesitará que una combinación de personas azules y rojas (en cuanto a personalidad, me refiero) sigan encargándose de la seguridad de todos los demás. Y me parece cada vez más importante que tomemos consciencia de ello, sobre todo, en esta Europa que tantas tensiones está sufriendo en los últimos años.

Desafortunadamente gran parte del mundo sigue estando en llamas y esas llamas cada vez se acercan más a nuestra tierra.

Tengo clarísimo que los verdes no están ni de lejos preparados para hacerse cargo del gobierno de nuestra compleja sociedad y mucho menos de velar por nuestra seguridad. Esa es mi opinión que, como siempre digo, no es nada políticamente correcta.

Desde aquí mi reconocimiento a nuestros militares, guardia civiles, policías, bomberos y miembros de protección civil. Ellos, mejor que nadie, saben lo que cuesta que los demás podamos dormir y vivir razonablemente tranquilos.

Desde aquí, también, mi reconocimiento a la encomiable labor de las ONGs y los grupos civiles y militares de todo tipo que trabajan en territorios en conflicto y en entornos marginales. Ellos, mejor que nadie, saben que la falta de protección y seguridad a quienes más afecta siempre es a los más débiles, a los sectores sociales más vulnerables.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para mayor información.plugin cookies