Killer político: Dícese del político que destroza a todos los compañeros de partido que supongan un peligro para su ascenso y mantenimiento en el poder.

El desarrollo de los asesinos políticos en el interior de los partidos ha sido propiciado por el ecosistema partidario actual, cuyos dirigentes los ha utilizado durante mucho tiempo para “limpiar de rivales” los aledaños del poder interno. Ahora estos killers han alcanzado lo más alto de sus estructuras. Casi todos pertenecen a los llamados “políticos profesionales

Bastantes políticos en activo actualmente entraron en su “más tierna infancia” en algún partido y  desde entonces sus vidas se han desarrollado personal, social y económicamente bajo la protección de las cúpulas dirigentes que los han utilizado a su favor. ¿Cuántos rivales políticos de los dirigentes fueron orillados con la excusa de que había que dejar sitio a los jóvenes?

Las vidas de esos políticos profesionales han transcurrido al margen del resto de los ciudadanos. Y casi ninguno parece haber sentido la necesidad de buscarse un futuro profesional al margen de la política, aunque a veces les angustie ese futuro, y más en estos tiempos convulsos. A todos ellos les gusta esa vida.

La vida vivida por y para la política. Una vida que se mueve entre el sacrificio y los honores. Extraña y complicada vida, ciertamente.

La mayoría intentan hacerse imprescindibles para sus partidos aprendiendo mucho y realizando bien el trabajo que se les encomienda. Tenemos mucha gente en todos los partidos, jóvenes y menos jóvenes, que aunque sólo hayan trabajado en puestos públicos, han adquirido, o están adquiriendo, una muy buena preparación. Gente realmente válida.

Personas que han aprendido como se debe aprender, poco a poco, el arte de la política, que no una profesión ni un oficio sino un verdadero arte que necesita de mucho oficio.

Deberíamos tener claro que sería una locura pretender prescindir de todos ellos. En estos tiempos, en los que necesitamos personas preparadas que gestionen los asuntos públicos, que la sociedad prescinda de personas bien preparadas para ello sería, a mi modo de ver, un suicidio social colectivo.

Igual de suicida que es la actitud de prescindir de personas válidas y preparadas en la vida civil para gestionar los asuntos públicos, solo porque carecen de experiencia política y desarrollan su vida personal y laboral en el ámbito privado.

Volviendo a los políticos profesionales, mientras la mayoría han aprendido lo suficiente, no sólo para estar en política gestionando con eficiencia sino también para poder valerse por si mismos si les llega el momento de dejar la política; otros, muy pocos en el cómputo total (pero letales para el resto y para la sociedad), han consagrado su existencia al “muy loable” objetivo de su supervivencia política y la detentación del poder, esforzándose sólo en adquirir destreza en el manejo de todo lo necesario para estos fines. Son los “killers políticos”.

Llevan dedicándose a eso de la supervivencia toda su larga (o corta) vida política. Aplicándose con total disciplina a acrecentar su poder interno por cualquier medio. Cualquier cosa, por injusta e inmoral (en ocasiones hasta ilegal) que pueda ser, la hacen sin pestañear, si con ello consiguen ganar más poder y quitarse de en medio a los compañeros o adversarios políticos que les estorben.

Son esos que, como los verdaderos asesinos en serie, ni tienen remordimientos ni dudan en manipular a los que les rodean para conseguir sus objetivos.  Superficiales, egocéntricos y sin empatía.

Por supuesto, no tienen ninguna ideología política, aunque continuamente hablen del ideario de su respectivo partido como si les fuera la vida en ello. Eso sí, tienen una gran habilidad para las relaciones sociales. En fin, lo normal en cualquier asesino en serie que se precie?.

Estos asesinos políticos son temidos por casi todos, ya que son capaces de arruinarle la vida a cualquiera sin despeinarse. Y también son adorados por unos cuantos que son deslumbrados, y favorecidos, claro está, por su poder.  No tienen valía personal, profesional, ni política y nunca consiguen autoridad moral entre los compañeros, aunque puedan engañar fácilmente a los de fuera del partido (lo que suele pasar con frecuencia).

Por eso, porque jamás serán líderes ni conseguirán seguidores por la fuerza de la razón, se dedican a conseguir esclavos por la fuerza del miedo. Y por eso son letales para los partidos que los albergan cuando consiguen escalar hasta los puestos de mayor responsabilidad (ejemplos hay clarísimos y de los que salen en las noticas a diario), como también lo son para la sociedad que los padece.

Aprender a neutralizarlos a tiempo es una asignatura pendiente de todos los afiliados a los partidos políticos si quieren recuperar la credibilidad social.

Algunos políticos señalados desde los medios de comunicación como killers políticos, desde la presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz hasta el mismísimo presidente del Gobierno Mariano Rajoy, son de sobra conocidos por todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies