«A veces tengo la sensación de ser de otra galaxia. Miro a mi alrededor y veo solo preocupación por lo que va a pasar en los próximos días o, todo lo más, en los próximos meses. Veo a la gente pendiente de quiénes van a ganar las múltiples elecciones que tenemos por delante, pero a casi nadie parece preocuparle qué harán los ganadores para no perder el tren de la nueva Era en la que hemos entrado. Una nueva civilización se abre paso, tan distinta de la actual que en pocos años veremos el final de siglo XX como ahora vemos a la antigua Roma.

Vaya por delante que no le resto la más mínima importancia a cualquier elección. Cada vez que los hombres votamos damos el poder a alguien para actuar en nuestro nombre, tanto en el ámbito público como en el ámbito privado, y creo firmemente que cualquier elección merece ser pensada y sopesada por cada uno. Y, además, debe serlo desde el punto de vista de la incidencia en la economía.

Un mal presidente de una comunidad de vecinos puede meter a esa comunidad en un gasto extraordinario que tarden años en pagar todos lo demás, por ejemplo, con pleitos u obras innecesarias. Un mal consejo de administración de una empresa puede hacer que sus accionistas propietarios pierda todo el dinero. Un mal presidente de una asociación deportiva puede llevara a un club deportivo a su desaparición. Un mal alcalde puede arruinar un ayuntamiento y meter a sus vecinos en una deuda que tarden generaciones en pagar. Un mal presidente de una autonomía puede destrozar nuestros servicios públicos, Un mal presidente de gobierno puede dejarnos desprotegidos frente a los «enemigos» políticos y económicos exteriores y empobrecer nuestra vida para varias generaciones…

No seré yo quien diga que el proceso de elecciones políticas que tenemos durante el año 2015 no es importante. Todo lo contrario, creo que cada cual debe darle la importancia que se merece y que incluso la abstención o el voto nulo deben ser decisiones tomadas de forma consciente.

Con ser toda elección muy importante e incidir de forma directa en nuestras vidas, creo que es aún más importante que empecemos a tomar conciencia de que el mundo que nos rodea está en un cambio tecnológico de tal magnitud que generaciones enteras se van a ver profundamente afectadas en los próximos años.

Millones de personas en nuestro entorno van a estar en permanente riesgo de exclusión, por las dificultades que conlleva la adaptación a ese nuevo mundo, a esta nueva Era que ya ha comenzado, y que no es el futuro sino el presente o, como mucho, el futuro más inmediato.

Sólo con las inventos que ya están aquí y apunto de comenzar su expansión masiva, veremos cambiar la sanidad (los médicos podrán monitorizar de forma permanente nuestro estado de salud desde sus propias casas) y la educación (las mejores universidades del mundo imparten docencia en un entorno virtual); los coches sin conductor (que a nada que nos descuidemos estarán en manos de Google en todo el planeta) lleva años de pruebas en lo que no han tenido ningún accidente y estarán listos para cambiar el mundo en el que vivimos en menos de cinco años, las impresoras 3D construyen casas (10 casas en un día a 4.000 euros), y así un largo etc.

Un mundo que ya está dominado en una gran parte por el Big Data, pero que lo estará completamente en muy pocos años, ayudado por el llamado «Internet de las cosas”.

Vamos a ver desaparecer sectores económicos enteros y a otros en reconversión absoluta: la producción de comida en impresoras, la desaparición de centros de salud, la reconversión del sector de la atención a la tercera edad… Algunos sectores como las agencias de viaje ya están prácticamente desaparecidos y otros, como el sector editorial y la industria de contenido, están a punto de desaparecer tal y como los conocemos.

La tecnología está arrasando con todo lo que conocido y está emergiendo algo que ni imaginamos y de lo que solo sabemos que será distinto. Éste es el mundo que nos ha tocado en suerte.

En medio, el cambio está pillando y destrozando la vida a millones de personas cuyas profesiones ya no tienen o no van a tener salida. Personas que necesitan o van a necesitar ayuda para sobrevivir con dignidad, mientras encuentran aquellos dones y talentos que tienen en su interior con los que conseguir la capacitación para poder hacer de ellos su nueva forma de vivir.

Todo esto es lo que a mí me preocupa ahora. Pero vuelvo al principio: quizás sea de otra galaxia, porque mis preocupaciones actuales no parecen que sean las de casi nadie más.

No veo a los políticos preocupados en nada de esto, más allá de la retórica de moda sobre emprendimiento, tecnología y startups. No los oigo hablar de sectores como el de la logística (determinante para el resto de los sectores productivos), del transporte de personas, de la gestión del conocimiento, de los problemas que ya existen para la captación del talento nivel mundial, de la gestión de datos e información (el llamado petróleo del siglo XXI), de qué van a hacer para conseguir que estemos en el grupo de cabeza de la cuarta revolución industrial … Podría seguir páginas y páginas con lo que me parece de verdad importante para las personas en estos momentos y que no está recibiendo ninguna atención de los políticos ni del gran público, pero ya lo haré en otro momento.

Para terminar, solo decir que no creo que la tecnología sea mala ni que estemos abocados al desastre. Al contrario, creo que por primera vez los españoles, como cualquier otra nación con voluntad de desarrollarse, tenemos posibilidades de estar al mismo nivel que territorios tradicionalmente más ricos y desarrollados.

La tecnología está rompiendo la barrera entre territorios ricos y pobres y es lo suficientemente barata como para que, si tenemos la voluntad decidida, podamos estar a la vanguardia mundial. Solo necesitamos creérnoslo y tomárnoslo en serio. Y, por supuesto, necesitamos líderes, en lo público y en lo privado, que tiren del carro en esa dirección. Estadistas que cohesionen nuestra sociedad para que nadie se quede por el camino.

Ahora mismo no veo casi ninguno. Espero que eso cambie pronto. Nos estamos jugando el presente y el futuro.»

Este es un post publicado en el otro blog (ya desaparecido) en febrero del año pasado y que creo que sigue estando de plena actualidad, por eso me ha parecido interesante publicarlo de nuevo. Eso sí, hay cosas en las que ha quedado desfasado porque ya están aquí y solo ha pasado algo más de un año, como por ejemplo los taxis y los camiones sin conductor.

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